16. June 2026
El triunfo de la animalidad sobre la humanidad
Por: Francisco Gabriel López Fuentes
Estimados amigos internacionales y compatriotas del Comité Patriótico de la Independencia del Perú:
Tradicionalmente, hemos asumido que la humanidad superó a la animalidad. El hombre ha sido capaz de conquistar el cielo mediante la aviación, de asegurar su sustento multiplicando la tierra a través de la agricultura, y de erigir maravillas imperecederas, desde las pirámides de Egipto hasta los rascacielos contemporáneos. Hemos blindado nuestra fuerza física con tanques de guerra y maquinaria pesada. Somos, de hecho, la única especie capaz de evolucionar y superarse a sí misma sin necesidad de mutar orgánicamente: sin cambiar el diseño biológico del Homo sapiens sapiens, transformamos radicalmente nuestro entorno. Pasamos del dominio del fuego al milagro de la electricidad, y de ahí, al uso de la energía atómica para iluminar nuestras ciudades.
Sin embargo, hemos sido incapaces de controlar el tremendo poder que estas facultades nos otorgan. Lejos de utilizar nuestra inteligencia para garantizar la supervivencia común, la empleamos para perfeccionar nuestra propia destrucción. Explotamos indiscriminadamente a nuestros semejantes y a las demás especies.
Si en el reino animal el fuerte se impone sobre el débil por pura supervivencia, en el mundo humano el poder se concentra en quien mejor instrumentaliza la violencia y la técnica. Los pueblos de la antigüedad se desangraban en guerras perpetuas, esclavizando a los sobrevivientes y tratando a los seres humanos peor que a bestias de carga, descartándolos en la vejez de la misma forma que hoy se sacrifica a un caballo cojo en el hipódromo.
Hoy la historia no es muy distinta. Se llena la boca este lado del orbe hablando de "paz mundial" mientras en el otro extremo se financian guerras y se siembra miseria por el control del oro negro; e incluso aquí, en nuestra propia tierra, el llamado "oro verde" y las economías ilegales siguen causando profundas calamidades. Hablamos de democracia cuando millones de niños viven en el desamparo urbano, sobreviviendo de la venta ambulante o la limpieza de vehículos; niños que terminan como carne de cañón del terrorismo y el narcotráfico en los territorios donde el Estado jamás ha llegado. Y en las zonas donde el Estado sí está presente, la infancia padece otra esclavitud: la de la indiferencia ciudadana o la de una crianza deshumanizada, fría y cargada de prejuicios hacia el habitante del campo y los sectores vulnerables.
No contentos con destruirnos mutuamente, devastamos la naturaleza. Grandes capitales y sectores extractivos transnacionales, obnubilados por el crecimiento inmediato de sus arcas, postergan la ética ambiental: deforestan miles de hectáreas de bosques, contaminan ríos y liquidan la biodiversidad. Y pobre de aquel ciudadano que se levante en defensa de su territorio. De inmediato se activa la maquinaria de la estigmatización: se le acusa de "resentido social", se le etiqueta bajo la célebre y lamentable metáfora presidencial del "perro del hortelano que no come ni deja comer", o se le calumnia con el reduccionismo de "izquierdista dogmático" y el alias difamatorio de "pro-terrorista".
Los seres humanos contaminamos, nos asesinamos y saboteamos nuestra supuesta condición de seres racionales. El egoísmo individualista ha devorado el principio del amor al prójimo y el sentido de comunidad. En lugar de diseñar un futuro sostenible para nuestra especie y el planeta, priorizamos la acumulación a costa del sufrimiento ajeno.
En contraste, los animales no destruyen su entorno. Su interacción con la naturaleza, guiada por el instinto, deviene en un equilibrio perfecto que nosotros, autoproclamados "racionales", somos incapaces de emular. Poseemos la virtud de la razón, pero la ejecutamos con una irracionalidad alarmante. Es la viva imagen del viejo refrán: Dios le da pan al que no tiene dientes, y dientes al que no tiene pan.
A pesar de que una abrumadora mayoría parece indiferente a esta crisis —ya sea porque la urgencia de la supervivencia diaria les impide organizarse, o porque pertenecen a esa minoría a la que le favorece el statu quo— habemos personas que nos pronunciamos y actuamos. Buscamos desviar el rumbo de una historia que, de lo contrario, anticipa un desenlace trágico.
Hoy por hoy, la animalidad ha superado a la humanidad: la primera sigue siendo una fuente de vida y equilibrio; la segunda se ha convertido en un agente de desgaste y destrucción. Corresponde a nuestras acciones colectivas dar un giro de 180° a esta inercia que parece inamovible. Para muchos esto será un sueño utópico; pero si es así, la urgencia del presente nos exige trabajar para que el sueño se convierta, finalmente, en realidad.
De nada le sirve al hombre poseer la razón si el camino elegido conduce a su propio vacío.
Humildemente,
Francisco Gabriel López Fuentes Presidente del Comité Patriótico de la Independencia del Perú.
Moscow, Idaho, 15 de junio del 2026.
